Don Omar - Taboo

28 de enero de 2011

LA TAZA DE TÉ.


Este cuento Zen lo he conocido en muchas versiones esta es una que me parece muy completa: 

¿Pienso, luego existo?
Para el Zen más bien seria:
Pienso, luego sueño que existo.
 Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.Nan-in, un maestro japonés de la era Meiji (1868 – 1912) Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer de la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación.  Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba patatas o remendaba la ropa.
 Nan-in recibió a un profesor universitario que venia a interrogarlo sobre el zen. El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.    
Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen.Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del distinguido visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo hasta que reboso y luego siguió vertiendo la infusión…


El académico miro incipiente inundación;  el maestro siguió derramando el té, hasta que el profesor no pudo reprimirse mas y dijo: “¿no ve que la taza esta repleta? ¡Ya no le cabe ni una gota nada mas!”.
- Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa -, así está usted lleno de sus propias opiniones y especulaciones  ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?
Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra
Mientras el Maestro recogía los trozos de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.
Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados comprender la sencillez del Zen
No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.
¿Entonces, Maestro, cual es la actitud correcta?
No juzgar, y permanecer atento.
Utilizo esta historia frecuentemente en las sesiones de pareja o grupos en los cuales se debe conciliar, donde cada uno trae lo suyo para decir y esta tan cargado y “lleno” de sus propias ideas, conjeturas y prejuicios que no puede abrirse siquiera a un nuevo concepto, más aun, cuando implica un cambio de parte suya.
Pensamos casi siempre saberlo todo, nuestra mente no está abierta al cambio, a cosas, personas y pensamientos nuevos así es complejo dejar entrar nuevas enseñanzas y estar receptivo a lo bueno que puede brindarte una persona, una experiencia sea positiva o no tanto, de igual manera deja una lección sino la necesitaras no llegaría a tu vida.
Muchas veces vivimos en el pasado y nos cerramos a cualquier opción de transformación, la misma ambición, las mismas metas sin cumplir arrastradas por años, sin renovarse, los recuerdos intactos de hace equis años cuando éramos jóvenes y felices olvidando vivir el momento que tienes hoy frente a ti.
El mundo se abre delante de ti para que lo explores, la gente se acerca para que la conozcas y te dejes conocer, las experiencias llegan para que aprendas, la vida te da la oportunidad de transformar tu mente, tu cuerpo, tu alma. No la dejes pasar cerrando tus ojos, tus oídos, tus sentidos, tu corazón.
Disfruta de lo sencillo que se te ofrece a diario, reconoce el valor del otro sin señalarlo, aprendiendo de lo que viene a enseñarte como un espejo pues él o ella te muestra una parte de ti que no reconocerías si ellos no existieran.
Ahora… como vaciar tú taza.
Puedes comenzar por caer en cuenta de tus palabras cuántas de ellas no son positivas y rectifica la idea, si puedes di algo positivo sobre esa cosa, situación o persona de la que hablas, bendícela y bendícete pues empezaste a conocerte de verdad, hazlo hasta que ya puedas frenar tus palabras en voz alta y continua el proceso con los pensamientos, caes en cuenta antes de decirlo e imagínate borrando la idea de tu mente y ubicando algo que llene tu corazón de alegría, algo positivo sobre tu pensamiento original.
Parece sencillo pero no es fácil reemplazar tus hábitos, toma tiempo y determinación de tu parte, con el paso de los días comenzaras a reconocer lo bueno en todos y todo lo que te rodea.
Te invito a probar estas actividades aplicándolas segundo a segundo en tu vida, para que tu taza siempre esté preparada y dispuesta a renovarse.

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