Hace poco más de un
año, la prestigiosa revista Science publicaba
un sorprendente hallazgo paleontológico. Se trataba de un homínido desconocido,
el Australopithecus sediba, que vivió hace unos 2 millones de
años en África y que, según sus descubridores, científicos de la universidad
sudafricana de Witwatersrand, podía arrojar nueva luz sobre los orígenes del
hombre actual.
Los restos fósiles
presentados entonces correspondían a un varón de entre 10 y 13 años y a
una hembra cerca de la treintena que murieron al caer al fondo de una
cueva al mismo tiempo o con unas semanas de diferencia. Ahora, cinco estudios
diferentes publicados en la misma revista describen nuevos detalles sobre la
anatomía de este antiguo homínido, hallazgos que incluso ponen en duda algunas
de las teorías más asentadas sobre la evolución humana. Las investigaciones
dejan claro que el sediba tenía rasgos primitivos, como, por ejemplo, un
cerebro pequeño, pero también otros muy similares a los humanos, como una
pelvis evolutivamente muy avanzada y unas manos «diseñadas» para fabricar
herramientas. También caminaba como cualquiera de nosotros. Por esta
mezcla de rasgos, los científicos creen que, como sospechaban cuando
desenterraron los restos, nos encontramos ante el mejor candidato a
antepasado del género Homo, el nuestro. Las nuevas investigaciones incluyen la
descripción más completa jamás realizada de la mano de un homínido temprano, la
pelvis más completa jamás descubierta, el escáner de alta resolución más
preciso de un cráneo nunca realizado y nuevas piezas del pie y el tobillo. El
Australopithecus sediba ha sido examinado de arriba a abajo por más de 80
científicos de todo el mundo.

Una mano pequeña, pero muy
evolucionada Para empezar, expertos de la Universidad de
Victoria en Melbourne (Australia), ayudaron a precisar la antigüedad de la
extraña pareja con técnicas paleo magnéticas y con la datación de los
sedimentos del yacimiento sudafricano de Malapa, donde aparecieron los restos, que resultaron tener 1,977
millones de años. Estoadelanta la aparición de los primeros rasgos humanos
en el registro fósil, ya que hasta ahora, lo fósiles que databan de 1,9
millones de años, la mayoría atribuidos al Homo habilis y
al Homo
rudolfensis, han sido considerados los ancestros humanos más primitivos. La
mayor antigüedad del Australopithecus sediba aumenta la posibilidad de la
existencia de un linaje separado y más antiguo del que podría haber
evolucionado el Homo erectus.
Un cerebro del tamaño de un
pomelo

Los investigadores de
Witwatersrand se encargaron de examinar el cráneo del sediba. Escaneado en
detalle en el potente Sincrotrón de
Grenoble (Francia), un acelerador de partículas capaz de observar estructuras
moleculares como si fuera un grandioso microscopio, contenía un cerebro
con forma humana, pero mucho más pequeño -420 cc, apenas el tamaño de un
pomelo y poco más grande que el de los chimpancés, cuando el ser humano actual
tiene entre 1.200 c y 1.600 cc- aunque con signos de reorganización neuronal en
la región orbitofrontal, directamente detrás de los ojos. Según los autores,
este resultado pone en duda la clásica teoría de la gradual ampliación del
cerebro durante la transición del Australopithecus al Homo.

La pelvis es muy parecida a
la humana
Otro estudio separado señala
que este lejano antepasado tenía una pelvis muy parecida a la humana -algunas
partes son indistinguibles- que no se correspondía con su capacidad craneal.
Las manos y pies del homínido también muestran una importante mezcla de rasgos
primitivos y modernos. Expertos del Instituto Max Planck de Antropología
Evolutiva en Leipzing (Alemania) analizaron la mano de la hembra y encontraron
que tenía un aparato flexor fuerte, lo que indica que estaba acostumbrada a
trepar por los árboles, pero tambiénun pulgar largo y dedos cortos, un signo de
que podía agarrar con precisión y una de las características especiales del
linaje humano. Posiblemente, afirman los investigadores, ya había
comenzado a fabricar herramientas incluso antes que el Homo habilis.
Sobre dos piernas
El análisis de los pies y
los tobillos de los dos ejemplares confirma que a veces trepaban a los árboles,
pero que también caminaban y corrían sobre dos piernas. La forma del
tobillo es tan sorprendente que «si los huesos no se hubieran encontrado
pegados, los hubiéramos descrito como pertenecientes a especies diferentes»,
dice Bernhad Zipfel, de Witwatersrand. La articulación del tobillo recuerda a
la de un ser humano, con un arco y un tendón de Aquiles bien definidos, pero el
talón y el hueso de la espinilla parecen de simio.
Esta mezcla de rasgos
modernos y primitivos «combina características de simios y humanos en un solo
paquete anatómico», apunta Lee Berger, descubridor de los fósiles, en lo que
parece ser una forma de transición entre los primeros Australopithecus y la
aparición del género Homo.
¿Quiénes eran la mujer y el
crío?
J. DE J. MADRID
Desde que fue descubierto en
2008, el yacimiento sudafricano de Malapa ha desvelado unos 220 huesos de
homínidos primitivos, cinco individuos ente los que se encuentran bebés,
jóvenes y adultos. Las investigaciones publicadas en Science se basan en dos
ellos, una hembra y un varón joven que han sido clasificados como
Australopithecus sediba. Los dos murieron en el mismo lugar, quizás al mismo
tiempo o con una diferencia de horas, días o semanas, como mucho. Alrededor de
ellos han aparecido los restos de animales como hienas, antílopes, gatos
dientes de sable, ratones, pájaros e incluso serpientes.
La criatura tenía entre 10 y
13 años en el momento de su muerte, en términos de desarrollo humano. Quizás
fuera aún más joven, porque maduraban antes. Ella tenía entre 20 y 30 años y
posiblemente había dado a luz una vez, aunque los científicos no están seguros.
Ambos medían 1,27 metros ,
aunque el chico podría haber crecido más. La mujer probablemente pesaba 33
kilos y el joven unos 27. Por la cercanía de su muerte y su edad, es probable
que los dos estuvieran relacionados, aunque este es un aspecto sobre el que los
científicos todavía se plantean interrogantes.
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