Pregúntele asus hijos
si conocen a la rana Gustavo, la cerdita Peggy o Epi y Blas. No se sorprenda si
los más jóvenes de la casa conocen sus aventuras tan bien o mejor que usted.
Por su humor, sus bailes y canciones y sus enseñanzas, los Teleñecos han
acompañado a generaciones y generaciones de niños desde que su creador, Jim
Henson, los hiciera debutar en televisión en 1958. Para honrar su memoria y su
infinita creatividad, el Museo de
Durante los seis meses que
la exposición residirá en el distrito neoyorkino de Queens se podrán ver los
más de 120 artefactos que conforman la colección itinerante perteneciente al
Museo Smithsonian de Washington. Además de los objetos cedidos por esta
institución —entre los que se encuentran marionetas, dibujos, guiones
originales, elementos de diversos decorados y fotografías—, el museo
neoyorquino ha querido contribuir con una marioneta de la cerdita Peggy que
apareció en la película de 1984 «Los Teleñecos conquistan Manhattan».
La exposición hace un repaso
de la carrera de Henson al completo. Su punto de partida son los dibujos,
caricaturas y pósters que produjo durante su época universitaria, a mediados de
los cincuenta. A continuación conocemos los primeros proyectos de Henson para televisión
como «Sam y sus amigos», antecedente más directo de Los Teleñecos, y varios
anuncios creados para la pequeña pantalla. El gran cuerpo de la exposición está
compuesto por materiales recuperados de los proyectos más exitosos del maestro
marionetista: Los Teleñecos, Barrio Sésamo y Fraggle Rock. Para concluir el
viaje en el tiempo podremos ver una retahíla de materiales relacionados con los
mundos imaginarios que creó para producciones como la película «El cristal
oscuro».
«Es un gusto poder conocer a
Jim Henson a través de sus dibujos, sus marionetas y sus estupendas
actuaciones», comenta Karen Falk, archivista de la Jim Henson Company y
comisaria de la exposición. En su opinión, «aquellos que acudan a ver su
trabajo original tendrán la oportunidad de experimentar la creatividad del
hombre que hizo reír al mundo entero».
La llegada de la exposición
a Nueva York ha alegrado enormemente a la familia Henson por el valor
sentimental que tuvo la ciudad para su padre. «Nuestra familia está emocionada
porque la exposición venga a este museo, a solo un par de manzanas de los
estudios de televisión de Astoria donde se rodó Barrio Sésamo y donde mi padre
fundó su compañía», comentó Cheryl Henson, hija del prolijo artista.
Una exposición única
«Es extraño que nuestro
museo presente una exposición dedicada a un único individuo, pero no hay nadie
más adecuado para ello que Henson», afirmó Carl Goodman, director del museo.
«Aunque es más conocido por haber dado vida a personajes entrañables como la
rana Gustavo, Henson fue también un mago de los efectos especiales y un gran
innovador técnico», añade.
Los orígenes de esta muestra
se encuentran en la amplia colección que el Museo Nacional de Historia
Americana del Smithsonian ha recopilado a lo largo de los años y que creció en
2010 cuando Jane Henson, viuda de Jim, le donó diez marionetas originales,
entre ellas la primera versión de la rana Gustavo, original de 1955 y fabricada
con retales de un abrigo de la madre de Henson y una pelota de ping-pong.
Desde 2007 la exposición ha
viajado por 12 ciudades, se ha creado un podcast de 30 minutos con detalles
sobre la producción de Henson y ha nutrido de contenido sus páginas de Facebook
y Twitter, a las que los seguidores de los Teleñecos acuden para compartir
recuerdos de juventud y aplaudir la labor divulgativa de la exposición.
Para completar la oferta de
la exposición, el museo ha trabajado en estrecha colaboración con la entidad
encargada de gestionar el legado de Henson y con The Jim Henson Company. Fruto
de este trabajo es el calendario de actividades, que incluye proyecciones, un
amplio programa educativo y eventos especiales para conmemorar el aniversario
del nacimiento de Henson, que hubiera cumplido 75 años el próximo 24 de
septiembre, y otros hitos de la vida del creador. En el programa aparecen la
proyección de materiales poco divulgados como un vídeo en el que el titiritero
conversa con Jane Henson, su esposa y cocreadora de los Teleñecos; o «Time
piece», el corto experimental de nueve minutos por el que Jim Henson estuvo
nominado a un Oscar en 1966.
El renacer de los Teleñecos
Henson interpretó a la rana
Gustavo desde 1955 hasta 1990. Hoy, la rana Gustavo y el resto de marionetas
que Henson creó a lo largo de cuatro décadas, aunque desprovistos de las voces
y los animadores que les dieron su primera personalidad, están más vivos que
nunca. Quizá por la intermediación de Disney, compañía a la que la familia
Henson vendió todos los derechos de los Teleñecos, nuestros peludos amigos
tienen la agenda más apretada que nunca.
En los últimos meses, los
habitantes de Barrio Sésamo han tenido que sacar tiempo, entre visita y visita
de celebridades como Michelle Obama, Kobe Bryant o Cameron Diaz, para rodar una
película junto a Jason Segel («Como conocí a vuestra madre») y Amy Adams («The
fighter»). Y es que a pesar de llevar más de medio siglo en activo, los
Teleñecos siguen siendo un imán para el éxito.
El 25 de septiembre tendrá
lugar el preestreno en Nueva York del documental «Ser Elmo: el viaje de un
titiritero». La cinta, aclamada en la pasada edición del festival de Sundance,
cuenta la historia del hombre dentro del muñeco: Kevin Clash, un joven de
origen humilde que actualmente dirige y produce Barrio Sésamo, a demás de dar
vida a Elmo y viajar por todo el mundo compartiendo su arte y entrenando a
otros titiriteros.
Jim Henson reconoció siempre
que la televisión lo fascinó e intrigó desde el primer instante y que este
invento fue la chispa que encendió su creatividad. «Durante la infancia todos
vivimos en un mundo de imaginación y fantasía. Para algunos de nosotros, ese
mundo de ensueño continúa hasta la edad adulta», confesó Henson. Hoy Barrio
Sésamo, con más de cuarenta años en antena, compite con programas infantiles
plagados de violencia y cuyos personajes son sinchanes y niñas que esconden su
infancia bajo capas de maquillaje. Nada fascinante ni intrigante y es que la
inocencia, frescura y el procaz sentido del humor que desprende toda la
creación de Henson son cada vez menos frecuentes. Tanto que los niños de hoy
pueden encontrarlos en un museo.
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