Por una parte podemos optar por seguir en la senda revolucionaria que, aún con los errores y obstrucciones que le ha tocado sortear, presenta una obra tan importante como variada.
Más allá de tales generalidades, los venezolanos estamos ante una disyuntiva que nos pone a escoger entre la soberanía plena o la sumisión al imperio y a sus secuaces transnacionales. Ante los electores se plantean dos candidaturas radicalmente opuestas.
Por una parte podemos optar por seguir en la senda revolucionaria que, aún con los errores y obstrucciones que le ha tocado sortear, presenta una obra tan importante como variada. Esa obra quedará consolidada en los próximos años con la arremetida acelerada de un equipo de gobierno que está demostrando su total acoplamiento a la tarea de construir un modelo socialista democrático, humano e incluyente.
Por otra parte hay quienes de plano rechazan la alternativa socialista y prefieren dejarle al ‘libre mercado’ la tarea de regular la economía. Esa tesis produjo el estallido del ‘Caracazo’, estimuló las sublevaciones del 4-F y 27-N en 2002 y terminó por defenestrar al Presidente Pérez y producir la implosión y el desmoronamiento absoluto del sistema bipartidista y conchupante.
Al esquema de la llamada ‘IV República’ le pasó lo que a Chacumbele, o sea que el mismito se mató, sin que nadie tuviese culpas.
A todas estas debemos mencionar la enfermedad del Presidente Chávez que, desde mi óptica personal, ha sido objeto de verdades a medias e intentos de negar la realidad, quizás por pensar que le restaría posibilidades de triunfo al líder revolucionario. Sinceramente creo que Chávez subestimó a los chavistas, quienes, lejos de retirarle apoyo, lo han multiplicado a medida que su padecimiento se hizo más evidente.
La pregunta actual es si Chávez llegará con vida y suficiente fuelle al 7-O. La respuesta es que los revolucionarios seguiremos tras el baquiano sin andar con El presidente ha demostrado que tiene ganas de vivir hasta terminar su misión política. Por mi parte lo apoyaré hasta donde pueda llegar, a sabiendas de que nadie es inmortal.
Lo que espero, al igual que muchos compatriotas, es que tanto en el gobierno como en el PSUV se imponga la libre discusión de ideas, el debate político y el respeto a la voluntad de la mayoría. Asimismo se considera conveniente y hasta indispensable que el propio Chávez promueva un candidato a la sucesión, en caso tal que su enfermedad llegue a un grado crítico.
De hecho tendría que hacerlo si ello ocurriera antes del 2015, pues habría que organizar una nueva elección presidencial.
En cuanto al 7-O, Chávez gana con amplia ventaja.
Hay quien afirma que no hay camino sino que se hace camino al andar. La cuestión es que el camino no es la meta pues solo constituye un medio para llegar al destino propuesto. Los menos precavidos se gastan fortunas construyendo autopistas de seis canales, le hipotecan hasta el alma al Fondo Monetario Internacional y al final descubren que bastaba con una simple carretera para llegar sanos y salvos. Para entonces están endeudados y deben adoptar un paquete de medidas neoliberales que harán más ricos a los ricos y más pobres a los que menos tienen.
Más allá de tales generalidades, los venezolanos estamos ante una disyuntiva que nos pone a escoger entre la soberanía plena o la sumisión al imperio y a sus secuaces transnacionales. Ante los electores se plantean dos candidaturas radicalmente opuestas.
Por una parte podemos optar por seguir en la senda revolucionaria que, aún con los errores y obstrucciones que le ha tocado sortear, presenta una obra tan importante como variada. Esa obra quedará consolidada en los próximos años con la arremetida acelerada de un equipo de gobierno que está demostrando su total acoplamiento a la tarea de construir un modelo socialista democrático, humano e incluyente.
Por otra parte hay quienes de plano rechazan la alternativa socialista y prefieren dejarle al ‘libre mercado’ la tarea de regular la economía. Esa tesis produjo el estallido del ‘Caracazo’, estimuló las sublevaciones del 4-F y 27-N en 2002 y terminó por defenestrar al Presidente Pérez y producir la implosión y el desmoronamiento absoluto del sistema bipartidista y conchupante.
Al esquema de la llamada ‘IV República’ le pasó lo que a Chacumbele, o sea que el mismito se mató, sin que nadie tuviese culpas.
A todas estas debemos mencionar la enfermedad del Presidente Chávez que, desde mi óptica personal, ha sido objeto de verdades a medias e intentos de negar la realidad, quizás por pensar que le restaría posibilidades de triunfo al líder revolucionario. Sinceramente creo que Chávez subestimó a los chavistas, quienes, lejos de retirarle apoyo, lo han multiplicado a medida que su padecimiento se hizo más evidente.
La pregunta actual es si Chávez llegará con vida y suficiente fuelle al 7-O. La respuesta es que los revolucionarios seguiremos tras el baquiano sin andar con El presidente ha demostrado que tiene ganas de vivir hasta terminar su misión política. Por mi parte lo apoyaré hasta donde pueda llegar, a sabiendas de que nadie es inmortal.
Lo que espero, al igual que muchos compatriotas, es que tanto en el gobierno como en el PSUV se imponga la libre discusión de ideas, el debate político y el respeto a la voluntad de la mayoría. Asimismo se considera conveniente y hasta indispensable que el propio Chávez promueva un candidato a la sucesión, en caso tal que su enfermedad llegue a un grado crítico.
De hecho tendría que hacerlo si ello ocurriera antes del 2015, pues habría que organizar una nueva elección presidencial.
En cuanto al 7-O, Chávez gana con amplia ventaja.
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