La oportunidad de adquirir un carro de primera mano es una travesía que emprenden muchos venezolanos y las falta de unidades o prestamos para acceder a ellos terminan por buscar en las tiendas de segunda mano.
La posibilidad de comprar un vehículo nuevo “de paquete” en Venezuela es una cuestión que algunos catalogan como “misión imposible”. No solo por el costo de los vehículos, sino por la falta de unidades en lo concesionarios.
Los autos de segunda mano o “usados” representan una opción más viable para los compradores que se pasean por los diversos establecimientos dedicados a las transacciones.
Según la Superintendencia de Bancos (Sudeban), el monto de créditos aprobados por la banca para vehículos subió 30% en el último año según las cifras a final de abril de 2012.
El cierre positivo en la cantidad de préstamos se debe a un hecho clave para los futuros compradores: la banca entendió la dimensión del mercado de vehículos usados como una oportunidad de otorgar créditos a sus usuarios.
Los datos que ofreció Sudeban, señalan que la banca había desembolsado Bs. 15.348 millones en créditos para vehículos, una cifra 30% superior a los Bs. 11.765,8 millones en el mismo lapso de 2011.
Cristina Torres, beneficiaria, recibió un crédito para la compra de un vehículo que encontró en un concesionario en Cagua, estado Aragua, debido a la falta de oferta en Nueva Esparta.
Torres explicó que la institución bancaria aprobó el crédito para un carro que nunca llego al establecimiento y que un conocido “le hizo el favor” para contactar a una persona en la fábrica. “No entiendo como una personas sufre tantas penurias para acceder a un crédito y cuando por fin lo aprueban comienza la odisea para encontrar un carro”.
Daniel Fernández, adjudicado con un crédito bancario, comentó que tiene más de dos semanas buscando un vehículo con un valor parecido al que le aprobaron el dinero debido a que la oficina comercial cerró sus puertas hace cinco meses.
Fernández señaló que al menos 15 personas están en la misma situación y que varios compraron carros usados. “Después de tanto bregar por ser postulable a un préstamo no voy a conformarme con un auto usado. A menos que no logre encontrar un carro nuevo”.
Reinaldo Quijada, comprador, dijo que es más factible adquirir un auto usado que uno nuevo.
Quijada explicó que un Aveo 2011 de tres puertas cuesta, en varias páginas de internet, va desde 165 mil bolívares hasta los 200 mil bolívares. “Si cuentas con suerte, en el concesionario el Aveo 2012 se puede encontrar desde 165 mil bolívares, sin contar el seguro, accesorios, liberación, gastos y comisión. Fácilmente ronda los 200 mil bolívares. Pero en eso no se cuenta la espera y la vacuna para obtener el carro”.
El comprador aseguró que muchos venezolanos prefieren comprar un carro de segunda mano, mientras consiguen, el dinero y la persona que les dé la oportunidad de optar a un auto nuevo.
Concesionarios
El sector automor indicó que en los últimos cinco años en la contracción del mercado decantó en el cierre de 101 concesionarios en el país.
Voceros del gremio dijeron que la causa principal del cese de actividades era la dificultad para obtener las divisas y la restricción de ciertos vehículos (regulados y los de lujo).
Estadísticas del sector revelan que al cierre de 2008, año en que comenzó a implementarse la política automotriz, existían en el país 546 concesionarios y las políticas incidieron en la disminución del 22,6% de los establecimientos comerciales.
Alternativas
La empresa automotriz Venirauto, de capital venezolano-iraní, no colabora a la problemática vehicular del país. En seis años, la cantidad de autos que debió salir de la planta ubicada en Maracay, estado Aragua, solo ha completado un 15% del estimado.
Cuando el presidente Hugo Chávez dio luz verde a las operaciones de la empresa se preveían que ensamblara más de 80 mil vehículos para esta fecha.
Rafael Bolívar, presidente de la empresa informó la situación de la empresa durante su interpelación por parte de la comisión de contraloría de la asamblea nacional.
Lejos de ofrecer beneficio a los venezolanos, Venirauto adeuda 104 millones de dólares a sus colaboradores iraníes. Mientras el futuro del turpial y del centauro se desconoce, empleados públicos, funcionarios y vario sectores de la sociedad venezolana aún espera la llegada de Orinoco y Arauca (automóviles de la empresa Chery, parte del convenio chino-venezolano), para “satisfacer” parte de la demanda.
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