Que un gran tesoro caiga sobre nuestras cabezas puede ser algo más que
un sueño recurrente. Un análisis de alta precisión realizado por investigadores
de
Durante la formación de
nuestro planeta, el hierro fundido se hundió hacia el centro para formar el
núcleo terrestre. En el proceso, se llevó consigo la gran mayoría de los
metales preciosos del planeta, como el oro y el platino. De hecho, hay
suficientes metales preciosos en núcleo como para cubrir entera la superficie
de la Tierra con
un capa de cuatro metros de espesor. Nos ahogaríamos en oro.
De acuerdo con esta teoría,
la retirada del oro hacia el núcleo debería haber dejado la parte externa de la Tierra carente de «joyas».
Sin embargo, los metales preciosos son decenas de miles de veces más abundantes
en la corteza de silicatos de la
Tierra de lo que pudiera esperarse. ¿Por qué? Previamente, ya
se había argumentado que esta sobreabundancia podría haber sido causada por una
lluvia de meteoritos, un cataclismo de miles de millones de toneladas de
material proveniente de asteroides que golpeó la Tierra después de que se
hubiera formado el núcleo. De esta forma, el «cargamento» de oro llegó
solo al manto y no se perdió en las profundidades del planeta.
Para probar esta teoría, los
investigadores Matthias Willbold y Tim Elliott analizaron rocas de Groenlandia
de casi 4.000 millones de años. Estas rocas antiguas proporcionan una ventana
única para echar un vistazo a la composición de nuestro planeta poco después de
que se formara su «corazón», pero antes del supuesto bombardeo de meteoritos.
Una huella de tungsteno
Los investigadores
determinaron la composición isotópica del tungsteno de las rocas. El tungsteno
es un elemento muy raro -un gramo de roca contiene solo alrededor de una diez
millonésima parte de un gramo de tungsteno-,
y, como el oro y otros materiales valiosos, debería haber entrado en el núcleo
cuando se formó. Al comprobar su firma
isotópica, que es algo así como la huella dactilar de su origen, los
investigadores observaron una disminución de 13 partes por millón en las tasas
de tungsteno entre las rocas de Groenlandia y la actuales.
Este cambio pequeño pero
significativo apoya la teoría de que los meteoritos añadieron una capa de
material después de la formación de la Tierra y explica la sorprendente abundancia
de oro y otras riquezas accesibles que pueden ser extraídas en la actualidad.«Nuestro
trabajo demuestra que la mayoría de los metales preciosos importantes en
nuestras economías y procesos industriales fueron añadidos a nuestro planeta
por una afortunada coincidencia», dice Willbold. Otro evento semejante sería
catastrófico, pero es imposible no divagar sobre la idea de una fortuna caída
del cielo.
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