Las poderosas cámaras
del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO),una sonda de
El «punto caliente», que
alberga una concentración del elemento radiactivo torio, esuna extensión en
forma de «ojo de buey» de 25 a
35 kilómetros
de longitud, situada entre dos cráteres de impacto gigantescos y muy antiguos. Fue
detectado por primera vez en 1998 y desde entonces se le conoce como anomalía
de torio Compton-Belkovich, en honor a los nombres que reciben los cráteres.
Las observaciones recientes,
realizadas por la LRO ,
han permitido a los científicos distinguir las rasgos de los volcanes en
el centro de ese «ojo de buey». Y se trata de un vulcanismo silícico mucho
más raro del que ya se conocía en la Luna. Tanto , que la existencia de esta zona
volcánica obligará a los científicos a modificar algunas de sus ideas sobre
la historia de la Luna ,
según explica Bradley Jolliff, profesor de investigación en el Departamento de
Ciencias Terrestres y Planetarias en la Universidad de Washington en St. Louis y
responsable del equipo de analizó las imágenes.
El vulcanismo lunar es muy
diferente del terrestre, algo que se debe a la particular formación del
satélite. La Luna ,
que se cree que fue creada cuando un cuerpo del tamaño de Marte chocó contra
nuestro planeta hace 4.500 millones de años, era originalmente un mundo
infernal cubierto por un océano de roca fundida de 400 kilómetros de
profundidad. Pero como la Luna
era pequeña y no tenía atmósfera, ese océano de magma se enfrió rápidamente, en
unos 100 millones de años. Esto evitó que se formara la tectónica de placas que
sí existe en nuestro planeta.
Mares y montañas
Perspectiva del terreno
volcánico
Durante ese proceso, los
minerales ligeros como el feldespato cristalizaron y flotaron en la parte
superior para formar las tierras altas lunares, mientras que los minerales más
pesados ricos en magnesio se hundieron formando la parte exterior del manto
lunar. Hace unos 3.000 ó 4.000 años, se produjo una ola de actividad volcánica
y la lava basáltica salió a la superficie, llenando antiguos cráteres de
impacto. Pero lo hizo de forma desigual, lo que para los científicos ha
resultado un misterio. La superficie de la Luna parecía dividirse solo en dos categorías: el
territorio duro de los mares y el ligero de las montañas.
Los científicos comenzaron a
sospechar que las cosas no eran tan sencillas en el año 2000, cuando Joliff y
sus colegas encontraron zonas geológicas distintas. Una de ellas era otro
«punto caliente» inmenso, denominado Procellarum Kreep (PKT), que contenía
torio y otros elementos radiactivos, como potasio y uranio. Al enfriarse el
magma, estos elementos no cristalizaron y formaron bolsas entre la corteza y el
manto, lo que pudo provocar un vulcanismo intensivo diferente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario