
Las autoridades
luchaban este lunes para evitar un nuevo accidente nuclear y consecuencias
económicas nefastas en Japón, enfrentado a su peor crisis desde la Segunda Guerra
Mundial a raíz del violento seísmo y el tsunami del viernes, que probablemente
dejaron más de 10.000 muertos.
El Banco de Japón inyectó
este lunes en el mercado la mayor cantidad de liquidez de su historia, 15
billones de yenes (131.600 millones de euros).
Las acciones del sector
japonés del automóvil se hundían poco después de la apertura, mientras que los
constructores suspendieron la producción en el conjunto del país.
“Considero
que la situación actual, con el seísmo, el tsunami y las centrales nucleares,
es de cierta manera la crisis más grave que enfrentamos en los últimos 65 años,
después del fin de la
Segunda Guerra Mundial”, afirmó el primer ministro japonés,
Naoto Kan.
El reactor 3 de la central
nuclear Fukushima 1 (noreste) resistió este lunes a dos nuevas explosiones,
anunció la operadora Tepco, y el Gobierno precisó de inmediato que la
posibilidad de una importante fuga radiactiva era “escasa”.

Nueve personas, seis de
ellas soldados, resultaron heridas en estas explosiones, anunció la agencia
Jiji.
Kan reconoció que la
situación en la planta nuclear Fukushima 1 sigue siendo “alarmante”.
Problema nuclear
Unas horas antes, el
Gobierno admitió que pudo haberse desencadenado un proceso de fusión de los
núcleos de los reactores 1 y 3 de esa central, situada a 250 kilómetros al
noreste de Tokio.
La fusión se produce a causa
del recalentamiento de las barras de combustible, que empiezan a derretirse como
una vela.
En el reactor número 1, el
sábado se produjo una explosión que costó la vida a un técnico e hirió a once.
Kan ordenó la evacuación de
los habitantes en un radio de 20
km , el doble de la distancia fijada el viernes.
Las autoridades japonesas decretaron
el estado de emergencia en una segunda planta nuclear, la de Onagawa (noreste),
“tras registrarse niveles de radiactividad que superaban los autorizados” y
volvieron luego a la normal, indicó en Viena la Agencia Internacional
de Energía Atómica (AIEA).
Una central nuclear más, la
de Tokai, sufrió una avería en su sistema de refrigeración, pero las bombas de
agua auxiliares funcionaban y seguían enfriando el reactor, informó un portavoz
en la madrugada del lunes.
El terremoto, de magnitud
8,9, y el posterior tsunami de 10 metros de altura, arrasaron el viernes la
costa noreste del archipiélago nipón.
Naciones Unidas anunció
desde Ginebra que 590.000 personas fueron evacuadas de la zona del desastre,
incluidas 210.000 que viven cerca de las plantas nucleares de Fukushima.
Según el ministerio de
Asuntos Exteriores brasileño, unos 400 ciudadanos brasileños viven en
Fukushima.
La alerta de un nuevo
tsunami en el noreste fue levantada tras divisarse una ola de tres metros en
alta mar, pero la
Agencia Meteorológica japonesa advirtió que existe un 70% de
riesgo de que se produzca una nueva réplica de magnitud 7 o más en los próximo
tres días.
Un nuevo y fuerte temblor
sísmico de magnitud 5,8, según la agencia meteorológica japonesa, se sintió
este lunes en Tokio poco después de las 10H00 (01H00 GMT).
Mientras tanto, el número de
víctimas continúa aumentando.
Más de 10.000 personas
podrían haber perdido la vida en la prefectura costera de Miyagi (noreste de
Japón), la más cercana al epicentro, declaró el jefe de la policía local, Naoto
Takeuchi.
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