ara aprender a tejer una
hamaca se necesita mucho más que paciencia y destreza, “hay que tener
constancia porque esto es un trabajo de mucho tiempo”, asegura Luzmila Reyes
quien desde hace tres meses dicta un curso para tejer estas camas improvisadas,
en telares pequeños.Esta ama de casa, a quien siempre le han interesado las manualidades, asegura que aprendió este arte hace poco menos de un año y luego de dominarlo a la perfección quiso multiplicar su conocimiento y proyectarlo en otras personas.
“Tradicionalmente esto se tejía en grandes telares, lo que obviamente hace mucho más rápido el trabajo; pero ahora se confecciona con un telar mucho más pequeño que se puede llevar a todos lados”, dijo Reyes.
Según expresó, el beneficio de este “mini telar”, además de su facilidad para manejarlo y su movilidad, es la calidad del tejido. “Las tiras quedan más tupidas y mucho más resistentes”, asegura.
Para ello es necesario una aguja de medio punto, un rollo de pabilo y el resto se aprende en el curso que dicta todas las tardes en
Reyes dice que esta es una tradición que pretende rescatar, porque se ha perdido, y ya los margariteños no recuerdan cómo hacer una hamaca.
Sus alumnos, un grupo de 17 mujeres y un hombre, aseguran que nunca pensaron dominar una técnica como ésta, y sobre todo relajarse y disfrutar tanto este oficio.
Heraldo Fermín señala que jamás se imaginó que pasaría tardes tan amenas con extendidas tertulias tejiendo hamacas.
“Una vez quise comprar una hamaca y noté que era excesivo el precio. El tiempo pasó y luego me encontré con esta profesora que me mostró el trabajo y el esfuerzo que se requiere”.
Admite que al principio tuvo algo de pena por su condición de hombre, pero luego lo superó y ahora le parece un oficio bastante serio y de mucha destreza.

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